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Lord of the Mysteries · Capítulo 1386

Capítulo 1376: Comienza la acogida

18 de octubre de 2021 · 6 min de lectura · 1201 palabras

¡Pum! ¡Pum!

Las puertas y ventanas de , de , de , de San Milán y de otros lugares, sin que soplara viento alguno, se cerraron de un golpe, todas a la vez, y quedaron herméticamente cerradas.

En la sede central de la Iglesia del «Dios del Saber y de la Sabiduría», dentro de una alta torre blanca.

Luca, de servicio en la zona subterránea, percibió aquel movimiento fuera de lo común y se puso en pie de un salto.

Como «Profeta», captó con gran agudeza que algo estaba sucediendo.

Aquel anciano, vestido con un sencillo manto blanco bordado con hilo de latón, recurrió de inmediato a una técnica secreta y, en un solo paso, se halló a la entrada de la zona subterránea; extendió la mano para empujar el portón.

Mas aquel portón, para un Semidiós nada pesado, no se movió un ápice en aquel momento, como sellado por una fuerza invisible.

Luca Brewster no insistió con intentos forzados; en cambio, dirigió la mirada a las profundidades del subterráneo.

Allí reinaba el silencio; ni el menor sonido alcanzaba el oído.

Esto no es normal… —Luca no necesitaba valerse de su propia capacidad sobrenatural para juzgar que algo iba mal allí.

Habitualmente, desde lo más hondo del subterráneo se oía una y otra vez un sonido que erizaba los cabellos y enfriaba la columna; ahora, había desaparecido como si jamás hubiera existido.

Quizás otros no lo supieran; pero Luca, miembro alto de la Iglesia del Saber, sabía que aquel sonido provenía de un objeto sellado terriblemente espantoso, del que ni siquiera él conocía los pormenores, y no podía esfumarse de la nada.

La situación actual apuntaba a una de dos cosas: O aquel objeto sellado había roto sus restricciones y entrado en un estado aún más siniestro, o había sido sellado más aún y no podía ya ejercer influencia alguna sobre el exterior.

Y en cualquier caso significaba que en torno acechaba un peligro extremo, pues el número de aquel objeto sellado era: «0—01.»

En lo alto de la campana superviviente del campanario de Bayam, la luz del monóculo de Amón se fue apagando hasta volver a la normalidad.

Aquel Señor «Error» acababa de mostrar sin el menor recato la capacidad sobrenatural que recién había adquirido y de declarar a cuantas Existencias le observaban un hecho: ¡Había acogido ya la unicidad de la «Puerta» y obtenido las prerrogativas que le son propias!

Con ella, había acabado de cerrar, en todo el mundo, todo cuanto estuviera relacionado con el concepto de 'puerta', reforzando al máximo el efecto del sellado.

Por consiguiente, los objetos en estado de sello en las iglesias de los dioses ortodoxos y en las organizaciones ocultas no pudieron usarse por un breve plazo, pues nadie pudo abrir sus sellos.

Aun si un dios verdadero descendiera del firmamento estelar, podría requerir cierto tiempo para romper la restricción.

Así pues, Amón excluía la inmensa mayoría de los objetos sellados de 'Nivel 0' de la guerra de los dioses que pudiera estallar a continuación, y ya no tendría que considerar las interferencias correspondientes.

Naturalmente, una influencia ejercida sobre el mundo entero por medio de prerrogativas no puede mantenerse mucho tiempo, a no ser que el Señor «Error» Amón consagrara a ello toda su energía; por eso no lo había hecho antes, y sólo cuando vio que el ancla de Klein se había turbado, lo desencadenó de pronto.

—Cuanto más poderoso el objeto sellado de 'Nivel 0', más terrible el efecto negativo; con mayor razón en los que afectan al nivel divino. Aun un dios verdadero de Secuencia 0 no podría soportarlo mucho. Así pues, los dioses verdaderos no desellan a menos que sea forzoso, no sea que ello cause en sí mismos perturbación mayor, donde las ganancias no enjuguen las pérdidas.

Hecho esto, Amón se apoyó en la palma, dio un ligero salto y, sin ínfulas dignas de un dios verdadero, se sentó sobre la barandilla en lo alto del campanario.

Mirando la línea del mar, esperaba con calma a que se levantara el secreto, a que comenzara oficialmente el rito por el cual Klein acogería la unicidad del «Loco».

Llegado ese momento, Él haría sonar para él la campana de difuntos.

…………

Dentro del mundo oculto de la «Diosa de la Noche».

La conciencia de Klein, bajo los embates sucesivos de la voluntad despertada de «Fu Sheng Xuan Huang Tian Zun» y de la auto-cognición y la impronta espiritual de Antígono, era como un velero entre tempestades: arrojado a lo alto, golpeado abajo, erosionado, lanzado de través.

Aquello hizo sus pensamientos absolutamente caóticos, próximos a desdoblarse en dos personalidades distintas, una llamada Antígono y otra llamada el «Señor de los Misterios».

Al mismo tiempo, sus clones habían perdido el juicio, a punto de derrumbarse en un remolino de gusanos; sólo aquella marioneta misteriosa, por el momento sin nadie que la operara, permanecía erguida en su sitio.

Las plegarias y alabanzas de los fieles, una tras otra, resonaban en los oídos de Klein y formaban imágenes correspondientes de cognición.

Era como un dique, que aguantaba con esfuerzo la riada que avanzaba bramando.

Esta situación no era del todo extraña a Klein; al hacerse «Sirviente del Misterio» y devorar las características sobrenaturales ligadas a Tsalatu, había experimentado algo parecido. Así, una vez que, con la ayuda del ancla, hubo superado el desconcierto inicial, condujo, con cierta soltura, la auto-cognición y la impronta espiritual de Antígono hacia la voluntad despertada de «Fu Sheng Xuan Huang Tian Zun», haciendo que se erosionasen y se enzarzaran mutuamente.

La «tempestad mental» que arrasaba se atenuó mucho, y la conciencia de Klein por fin tuvo un instante de respiro.

Sin demorarse, introdujo las imágenes divinas formadas por numerosos anclajes en el enredo de aquellas dos polluciones mentales, buscando un nuevo equilibrio.

Mas no resultó suave. Comparada con la vez anterior, la esencia, la tenacidad y el grado de locura de la impronta de Antígono superaban con claridad a las de Tsalatu; al fin y al cabo, este era el Rey de los Ángeles, que había acogido una unicidad y al que llamaban el medio «Loco».

Además, Klein también le había usurpado la identidad y el destino, lo que trajo dos consecuencias más nefastas: Su personalidad estaba a cada momento en el filo de la división; de tanto en tanto se creía Antígono y trataba de fundir la impronta del otro con su propia mente. Había heredado el destino enloquecido y descontrolado de Antígono, y su cuerpo entero se descomponía sin freno, lo que sumaba muchísima más contaminación mental.

Por otra parte, la impronta espiritual de Antígono y la voluntad despierta de «Fu Sheng Xuan Huang Tian Zun» no eran del todo incompatibles: en algunos «campos de batalla» locales, en ciertos aspectos, mostraban señales de fundirse en uno, como si en origen procedieran del mismo Existente.

Esto confirmaba, en un primer paso, una conjetura de Klein: Antígono, en cuanto criatura mítica de nacimiento, traía desde su nacimiento cierta voluntad del 'Venerable '; al ascender a 'Sirviente del Misterio', el asunto se volvió de pronto grave y le produjo una mutación inadvertida. Cuando hubo acogido la unicidad del 'Loco', la locura llegó a ser, sin más, una de sus facetas.

Fin del capítulo 1386