«Rey del Espacio y el Tiempo», «Hito del Destino», «Avatar de la Fortaleza del Origen», «Soberano del Mundo del Espíritu», «Señor de los Misterios»… así que los «misterios» de los que hablaba el antiguo Dios del Sol se refieren al «Señor de los Misterios»… —Klein recitaba en silencio una a una aquellas denominaciones, y la sombra en su pecho se le agrandaba todavía más.
De pronto le vino una cuestión a la mente. Vaciló y dijo:
—Hasta donde sé, mucho antes del fin de la civilización anterior, «Fu Sheng Xuan Huang Tian Zun» ya existía.
Las Siete Luces se miraron unas a otras, y «Luz Amarilla» Venetian —de figura enjuta y, como otros seres del mundo del espíritu, semitransparente— suspiró:
—Ese extremo no lo conocemos. Cuando la civilización anterior terminó y «el Original» despertó, las Siete Luces precedentes ya habían sido borradas; nosotras somos luces puras vueltas a engendrar en el mundo del espíritu durante la Primera Era.
—No obstante, sobre el «Gran Soberano sobre el Mundo del Espíritu» tenemos ciertas conjeturas; tal vez respondan a las dudas de Vuestra Alteza.
El espíritu de Klein se reanimó; al punto adoptó la postura de quien escucha con atención.
«Luz Amarilla» Venetian prosiguió:
—Sospechamos que, de los «Antiguos» activos en la Primera Era, una parte son Dioses Exteriores atraídos directamente a este planeta; otra parte, esencias-origen avivadas, vivificadas. Es decir, ciertos «Antiguos» equivalen a «el Original»: son las versiones encarnadas de las distintas personalidades que Él escindió de Sí.
—«Lo separado ha de reunirse, y lo reunido ha de separarse»; esto describe no sólo las características sobrenaturales, sino también al propio «Original»: como la mayor parte de las esencias-origen y características procede de esta Existencia suprema, tienden naturalmente a volver a unirse; y, siendo «el Original» el conjunto de todas las contradicciones del universo, una vez reunidas las esencias-origen y las características, se ven, también irremisiblemente, llevadas a separarse.
¿Es ésta la esencia y la raíz de la Ley de Agregación de las características sobrenaturales?… ¿Sería el «Genio de la Lámpara» un Dios Exterior desafortunado que se vio atraído a este mundo y se topó con el «Señor de los Misterios»?... Klein asintió leve, no interrumpió, y aguardó paciente las conjeturas de la Luz Amarilla.
Venetian, en su larga túnica amarillo limón, miró a Klein y dijo:
—Quizá la inclinación a la división de «el Original» se hallaba ya en Él durante Su sueño; por eso Su espíritu se repartió en distintas porciones, cada una bajo un título distinto, interfiriendo secretamente en el mundo real, preparándose para la división que tendría lugar al despertar — por ejemplo, «Dios»; por ejemplo, «el Honorable
Una conjetura razonable, que explica muchas de mis dudas… —Klein experimentó, de pronto, un sentimiento de iluminación.
Sopesó y dijo:
—Es decir, ¿creéis que el «Gran Soberano sobre el Mundo del Espíritu» es una parte de «el Original», y, hasta cierto punto, puede equipararse a «el Original»?
—Así es. —«Luz Naranja» Hilarión dio una respuesta afirmativa y consoló entonces a Klein—: A juzgar por la situación actual, aquel Gran Soberano, como las demás partes de «el Original», ha visto, con el tiempo, menguar Su voluntad y Su poder. Sea o no Vuestra Alteza Él, eso no le impide oponer cierta resistencia, conservar su humanidad presente y alcanzar con Él algún equilibrio; je, je, la separación es la regla inevitable.
¿Qué clase de consuelo es éste?... —Klein no pudo evitar refunfuñar para sus adentros.
Acto seguido, cayó en la cuenta de algo:
—Si el espíritu de «el Original» se dividió en distintas porciones, las improntas espirituales en los seres sobrenaturales de secuencia alta de las vías correspondientes deben pertenecer también a distintos «Antiguos».
—Si lo que despertó en el cuerpo del antiguo Dios del Sol fue «el Primordial», el «Dios» que las Siete Luces acaban de describir, entonces la impronta espiritual del «Original» que ha comenzado a moverse en mí y a corromperme, ¿a quién apunta?
La respuesta era evidente —Klein no necesitaba pensarla—:
¡A ese «Señor de los Misterios», «Soberano del Mundo del Espíritu», «Fu Sheng Xuan Huang Tian Zun»!
Es decir, «Fu Sheng Xuan Huang Tian Zun» no había dejado, como Klein pensaba, ninguna huella; ¡ya había empezado a despertar de modo preliminar dentro de Klein!
Cara… —Klein se quedó helado de pies a cabeza, y experimentó, sin querer, lo que en su día sintiera el antiguo Dios del Sol.
En ese instante, temió mucho que algún día, sin darse cuenta, se convirtiera en otra persona, en el resucitado «Señor de los Misterios», «Fu Sheng Xuan Huang Tian Zun».
Mas el despertar de este grado se parece a lo que sufren los demás ángeles, no es tan intenso ni irresistible como yo imaginaba… ¿Será porque, a diferencia del antiguo Dios del Sol, yo no tuve rango angélico desde el «nacimiento» ni me hice con la «unicidad» de golpe, sino que ascendí paso a paso y completé la digestión por etapas? Si es así, he de agradecer a quien dejó aquel «Velo» en la niebla blanco-grisácea de la Tierra Abandonada por los Dioses; tal vez ha habido ayuda de alguna Existencia, o de varias… Hum, aún no encaja del todo: yo me he convertido ya en señor de la «Fortaleza del Origen», no hay razón para que la corrupción que sufro sea igual que la de cualquier ángel de Secuencia 2… —Klein meneó la cabeza para sus adentros y no formuló la pregunta correspondiente a las Siete Luces.
Para él, ése es uno de los secretos más medulares; en modo alguno podía permitir que ninguna otra Existencia conociera cómo estaba, en realidad, su condición presente.
Levantó la mano derecha, la llevó a los labios y tosió ligeramente:
—Lo entiendo, en términos generales.
Tras conversar con las Siete Luces sobre otras cuestiones, Klein se levantó y, haciendo una reverencia, dijo:
—Gracias por vuestras respuestas.
—Es un honor para nosotras. Confiamos en que Vuestra Alteza regrese pronto al trono del «Gran Soberano sobre el Mundo del Espíritu». —Las Siete Luces se levantaron a la vez y respondieron con tono amable.
¿Acaso me están echando una maldición de muerte? —Klein se rió de sí mismo y, con cortesía, despidió a las siete luces puras.
Después activó de nuevo el «teletransporte» y volvió a un callejón apartado de
Apretándose el sombrero de copa, Klein salió a la calle con paso tranquilo.
Lo primero que se mostró ante sus ojos fueron personas en toda suerte de estados y un bullicio convertido en oleadas de calor.
Veía gente en ropa de lino, en grupos de tres o cinco, cortando con sierras y otros útiles árboles de altura desmedida; gente formando cuadrillas, atareada en reparar las casas a pie de calle que no habían sufrido grandes daños; gente con pasteles de Dixie y té helado dulce, pasando aprisa a su lado, al parecer rumbo a sus puestos de trabajo; gente que llevaba las riendas de carros de carga llenos de grano, carne y verduras, corriendo a diversos sitios…