Como sobrenatural que, bajo la identidad de miembro de la Orden Secreta, había entrado en la Dirección General de Seguridad Exterior de Intis, no era la primera vez que
En ciertas escenas pasadas, en cada uno de sus ascensos, oía el delirio susurrado de «Honnachis… Fregla… Honnachis… Fregla…», y en varias ocasiones había estado a punto de perder el control por su causa.
Lo diferente de las veces anteriores era que esta vez el contenido del susurro parecía haber cambiado.
Acallado el delirio y restablecido lo que veía ante sí a la normalidad, Antoine frunció levemente el ceño y, sin sonido, se dijo a sí mismo:
—Mi estado anímico, últimamente, ha sido estable; no he tomado pociones ni he intentado ascender — ¿por qué oigo los susurros de Existencias ocultas?
—Esto parece tener cierta diferencia con lo de antes…
—¿Qué representa 'Oville'? Me falta información suficiente; no atino a descifrarlo…
—Dilan, Dilan… mmm, los altos cargos de la Orden lo han mencionado: aquel misterioso y temible jefe nuestro escondió una vez un antiguo castillo llamado Dilan…
—Sss, en cuanto recuerdo a aquella Existencia, no puedo evitar estremecerme; aunque estos dos últimos años Él haya vuelto a la normalidad, las terribles leyendas y los destrozos reales que dejó atrás bastan para ser pesadilla de toda una vida…
Antoine recobró el espíritu, sofocó por el momento las dudas y siguió asignando tareas a los suyos.
…………
Ante una lápida, Klein, que acababa de depositar un ramo blanco, ladeó ligeramente la cabeza, como si estuviera escuchando algo.
Aunque no oyó nada, como Rey de los Ángeles que ya ostentaba parte de las prerrogativas de su vía, podía percibir con agudeza que algo extraño se estaba produciendo, que cierta información oculta se transmitía a sujetos concretos.
—¿Tsalatu no ha terminado de morir? —Klein retiró la mirada y susurró para sí.
Por entonces, basándose en su nivel, su jerarquía divina y sus prerrogativas, había detenido a la fuerza la resurrección de Tsalatu y no había advertido nada irregular; pero, al examinarse después, descubrió cierto problema:
Lo que había absorbido del cuerpo verdadero de Tsalatu era un solo juego completo de características sobrenaturales, de Secuencia 9 a Secuencia 1.
Es decir, allí había una sola ración de la característica de 'Hacedor de Milagros'.
Pero la 'Serpiente del Destino'
De ese modo, la realidad mostraba sin lugar a dudas que del cuerpo de Tsalatu faltaba una ración de 'Hacedor de Milagros'; en cuanto a si faltaban además 'Sabio Antiguo', 'Tramposo' u otras características extra, Klein, por no conocer a Tsalatu lo bastante, no podía conjeturarlo.
Sobre esa base, Klein sospechaba ya desde hacía tiempo que Tsalatu no estaba del todo muerto.
Por descontado, para resucitar, el otro no podía obrar de modo simple, pues lo demasiado simple traería consigo lo poco encubierto y los altos cargos de la vía lo descubrirían y atajarían con eficacia.
—Cuando Tsalatu fue capaz de separar la característica sobrenatural de Secuencia 2, era ya, sin duda, un 'Sirviente del Misterio' de Secuencia 1; los enemigos capaces de contenerle no eran muchos, pero cada uno requería el trato más prudente.
Por todo ello, Klein juzgaba que Él debió de tramar algo con aquella porción de características separada, pero no para resucitar de inmediato, sino para urdir, indirectamente, múltiples preparativos que requirieran un detonante o ciertos vehículos para activarse.
—Parece que ha escondido, de modo particular, aquella porción de características — que incluye la de 'Hacedor de Milagros' — en algún lugar, con coberturas múltiples; de lo contrario, al ascender yo a 'Sirviente del Misterio', habría podido, valiéndome de la 'Fortaleza del Origen', verla directamente…
—Mmm, después seguramente había de guiar, por una vía oculta preparada, a sujetos concretos a resucitarlo; je, no ha contenido nunca una unicidad y no puede hacer 'difusión a todos los canales'; debe, además, precaverse de que un yo ascendido o Amón oigan lo emitido y produzcan algún sabotaje; el grupo de objetivos que puede orientar es, pues, bastante limitado… ¿todos los miembros de la Orden Secreta, o sólo una parte? —Klein, con una rodilla a medio doblar, asintió pensativo.
Acto seguido exhaló y, sin ocultarlo, se quejó:
—¿Por qué los de Secuencia alta de la vía del 'Adivino' son tan difíciles de matar del todo?
Siempre se reservan preparativos varios, varias cartas en la manga.
Aquello le hizo comprender, de veras, por qué la Diosa no había acabado de plano con aquel ancestro de la familia Antígono:
Para un medio 'Loco', la muerte puede muy bien significar nuevo nacimiento.
—Aun así, los preparativos ocultos y complejos suelen implicar una menor capacidad de aguante; quizá los preparativos de resurrección de Tsalatu acaben beneficiando a algún afortunado de la Orden Secreta — eso es, incluso, más probable que Su propio milagroso regreso de la niebla de la historia; y, también, hay posibilidad de interferencia, influencia y aprovechamiento por parte de Dioses Exteriores… —Klein soltó por dentro una risita y se levantó despacio.
Por el momento no tenía intención de buscar aquella ración de 'Hacedor de Milagros'; bajo la enorme presión que el 'error' de Amón había traído, tenía que aprovechar el tiempo para reforzar su humanidad, mantener estable el ánimo y dirigirse a las profundidades de la ciudad del mundo del espíritu, Calderón, a recoger las aguas del 'Río de la Eterna Oscuridad' para acoger la unicidad del 'Loco'; no había tiempo para detenerse en lo accesorio.
Cuando hubiese ascendido con éxito y la situación recuperara el equilibrio, no le importaría ir a Intis y, partiendo de los miembros de la Orden Secreta, hallar el 'tesoro' que Tsalatu había escondido, para que aquel ángel sobreviviente de la Cuarta Era durmiese, al fin, en paz.
Recogiendo sus pensamientos, contempló unos instantes la lápida que tenía ante sí, retrocedió despacio, metió las manos en los bolsillos y, ladeando el cuerpo, entró en el Mundo del Espíritu.
En este tiempo había sido como un viajero, en el sentido oculto: a veces volvía a lugares en que había estado, a veces, guiado por el destino, vagaba por el Mundo del Espíritu, pasaba a realidades distintas y atestiguaba escenas distintas.
La parte de su propia auto-cognición y de su propio yo consciente fue así reponiéndose poco a poco y reforzándose; ahora podía concertarse mejor con el ancla y, en cierta medida, sofocar la voluntad del 'Venerable
Esto hacía que la estabilidad de su ánimo fuese, ahora, bastante mayor que cuando se vio con la 'Diosa de la Noche'.
En el Mundo del Espíritu, donde bloques densos de color se superponían como cuadros abstractos al óleo, Klein dio unos pasos sin rumbo, sin distinción de arriba o abajo, izquierda o derecha, delante o detrás.
Después, siguiendo la guía del destino y de la espiritualidad, salió de aquel lugar y volvió al mundo real.
Lo primero que se presentó ante sus ojos fue una plaza no muy grande y una iglesia de la 'Diosa de la Noche.'
En aquel mismo instante, no pocas personas entraban en la iglesia, con semblante de júbilo.
¿De vuelta en