Sobre la Niebla Gris, dentro del antiguo palacio.
Una tras otra, columnas de luz estelar de rojo intenso salieron disparadas hacia arriba, formando varias siluetas.
«Estrella» Leonard echó una mirada displicente; sus ojos, de repente, se quedaron clavados en aquella «caja de joyas» plateado-negra colocada sobre la larga mesa moteada.
Si no recordaba mal, ése era el objeto sellado de grado «0», la «Caja del Pasado», que «Mundo»
¿Era posible que el «Santo del Misterio» Butis tuviese realmente en su poder semejante objeto sellado de grado «0», y aun lo hubiese sacado para usarlo? ¿Y que la señora «Ermitaña» y la señorita «Justicia» hubiesen, al fin, triunfado? Las pupilas de Leonard se dilataron un punto; casi no daba crédito a sus ojos.
Como Beyonder oficial legítimo, capitán de los «Guantes Rojos» de la Iglesia de la Noche, tenía un concepto claro de los objetos sellados de grado «0»: sabía que tales cosas podían, a la mínima, arrasar una ciudad y hacer que uno muriese de golpe sin poder oponer resistencia. Frente a ellos, no sólo no se podía tocarlos; convenía evitar incluso, en lo posible, conocerlos.
Leonard había pensado que, al toparse en serio con un objeto «0», la señora «Ermitaña» y la señorita «Justicia» se retirarían según lo previsto, buscando otro modo de rescatar a la señorita «Maga»; mas, contra todo pronóstico, no sólo habían triunfado, sino que habían arrebatado también la «Caja del Pasado», objeto sellado de grado «0».
«¿Tan poderosa se ha vuelto la 'Reaparición Mística' de la señora 'Ermitaña'? ¿Es cierto que su 'Banquete de Traición' puede hacer que un objeto sellado se vuelva contra su dueño? ¿O acaso el señor 'Tonto' le prestó cierta ayuda?» En su monólogo interior, Leonard miró de reojo a «Mundo» Klein Moretti, sentado al extremo más bajo de la larga mesa de bronce, y encontró a su antiguo colega muy tranquilo.
Klein miró en derredor y, con su voz ronca, dijo riendo:
—Mis felicitaciones a todos: esta cacería ha sido un gran éxito.
—Aquí está todo el botín.
Mientras hablaba, alzó la mano derecha y condensó una gran cantidad de conocimientos místicos en un haz de luz blanco pálido, al que adjuntó un pequeño número de leyendas y relatos de origen oriental — «Tierra de los Melocotones», «El Tablero del Mango Podrido» y otros — para que la señora «Ermitaña» probara si pertenecían a lo místico y si tenían fuente real.
—Señora, esta es vuestra paga. —«Mundo» Klein hizo volar ese haz de luz blanco pálido hacia «Ermitaña»
Tras la batalla de nivel semidivino para abatir al «Santo del Misterio» Butis, «Ermitaña» Cattleya tenía en verdad ya el aire y la confianza de una santa; primero recibió aquel haz de luz blanco pálido, cerró los ojos y comenzó a digerir el conocimiento místico que albergaba.
«En la Segunda Era, los Dioses Antiguos creían que el Primer Creador había dejado tras de sí ciertas cosas — quizá 'reinos' derivados de partes de Su cuerpo, quizá cosas fabricadas por Él…
«Esas cosas guardaban la Esencia Originaria, y eran nueve en total: el 'Mar del Caos', la 'Fortaleza del Origen', el 'Río de la Tiniebla Eterna', la 'Tierra Yerma del Conocimiento', el 'Mundo de las Sombras', el 'Nido Materno', el 'Reino del Desorden', la 'Ciudad de las Calamidades' y la 'Llave de la Luz'…
«El Antiguo Dios del Sol procedía de un lugar llamado Chernóbil…
«La Secuencia 0 de la senda del 'Ladrón' se llama 'Error'…
«Aquellos cuentos del Gran Emperador Roselle quizá tengan su origen en hechos realmente ocurridos…
«…»
En medio del eco de aquellos conocimientos místicos, «Ermitaña» Cattleya no pudo evitar abrir los ojos y mirar a «Mundo» Gehrman Sparrow.
Allí había demasiadas cosas que la pasmaban, que volcaban su entendimiento, que le abrían las puertas de nuevos mundos.
Antes no podía concebir en absoluto el origen del señor «Tonto»; ahora, aunque vagamente, puedo entrever algo… En la mente de Cattleya cruzó un pensamiento, y nació en ella una sospecha.
Se contuvo al instante: no quería pensarlo a fondo, ni se atrevía a hacerlo.
Temía llegar a una respuesta espeluznante, capaz casi de hacerle perder el control:
Aquí es una de las nueve Esencias Originarias; el propósito del señor «Tonto» es reunir todas las Esencias Originarias e intentar restaurar…
Alzando la mano derecha y ajustándose las pesadas gafas en el puente de la nariz, «Ermitaña» Cattleya se obligó a fijar la atención en aquellas pequeñas «historias», resuelta a que, al volver al mundo real y haber digerido por entero la poción, intentaría crear a partir de ellas magia, valiéndose de la «Reaparición Mística» para extraerles fuerza.
Por descontado, sabía que no todas saldrían bien: estaba convencida de que entre esos relatos algunos serían pura ficción, pues constituían el regalo añadido del señor «Mundo» y no había garantía de eficacia; y aun en las muchísimas fábulas y leyendas antiguas que el Gran Emperador Roselle contara en su día a la «Reina del Misterio», sólo una pequeña parte había podido convertirse de veras en magia.
Tomándose unos segundos para serenarse, Cattleya dirigió la mirada al centro de la larga mesa moteada, dispuesta a escoger su botín.
Sin lugar a duda, lo que más atraía la vista era aquel «0—61», la «Caja del Pasado»: la «caja de joyas» plateado-negra, incrustada de gemas, eclipsaba por completo el brillo de los demás objetos.
Cattleya no era del todo ajena a los objetos sellados de grado «0», pues la «Reina del Misterio» Bernadette poseía algunos — más de uno —, y por eso mismo los «Elementos del Alba», fundados por la reina, podían sostenerse contra la antigua organización «Orden Ascética de Mosse», nacida a principios de la Cuarta Era.
—La diferencia de rango entre un ángel y un santo no puede salvarse con la potente y deslumbrante magia de cuento de hadas.
Para convertirse en verdadera figura de peso hay que alcanzar la Secuencia 2 o poseer un objeto sellado de grado «0»: una de las dos cosas resulta inevitable. Cattleya no carecía de ansia por la «Caja del Pasado»; pero, recordando los avisos que «Mundo» Gehrman Sparrow había recibido del señor «Tonto», recordando los terribles efectos negativos, el tercer estrato sumamente peligroso y la gran cantidad de habilidades extraordinarias incontrolables, sintió un escalofrío.
Aunque ella poseía la «suerte breve», por ahora aún carecía de la capacidad de sellar la «Caja del Pasado».
Tras una intensa lucha interior, «Ermitaña» Cattleya señaló aquella cristalina y onírica gema y dijo:
—Tomaré la característica extraordinaria del «Mago Misterioso».
Si pudiera hallar un «Artesano» idóneo, de alta Secuencia, podría convertirla en un objeto sellado bastante notable, cuyos efectos negativos pudieran apenas sobrellevarse; y la «Reina del Misterio» Bernadette disponía justamente de tales recursos, aunque no era seguro que pudiera persuadirla.
Aun si el producto final no contuviera más que una sola «Teletransportación», ya bastaba; pero, evidentemente, un «Mago Misterioso» no domina sólo la «Teletransportación»… Y, aun cuando los efectos negativos resultasen insoportables, podía pedir a la reina que lo destruyera, probarlo de nuevo varias veces, o venderlo a la señorita «Maga»… ah, ella había dicho que su maestro le preparaba materiales… Cattleya, acto seguido, asintió a «Mundo» Gehrman Sparrow para confirmar su elección.
¿Escoge la característica extraordinaria del «Mago Misterioso»? Oída la respuesta de la señora «Ermitaña», en la mente de Klein, sin saber por qué, emergió una escena: