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Lord of the Mysteries · Capítulo 1175

Capítulo 1168: Cuando las estrellas vuelvan a su sitio

21 de marzo de 2021 · 5 min de lectura · 968 palabras

—¡Chernóbil!

Al oír las palabras de Amón, lo primero que sintió Klein fue desconcierto.

Durante el acercamiento al cíclope verde oscuro había barajado mil desarrollos, pero no había imaginado en modo alguno que oiría tal nombre.

Era como si en una pintura al óleo de la antigüedad apareciese una ametralladora refrigerada por agua, o como si en un paper de investigación se colase un fragmento de novela: una incongruencia absoluta, casi increíble.

Al segundo siguiente, Klein evocó el suceso ridículo de que el antiguo Dios del Sol creara al Ángel Oscuro de una de sus costillas y al primogénito le pusiera, sin embargo, el nombre de Adán; por instinto supuso que aquello era un caso semejante, y no pudo evitar querer reírse.

Al darse cuenta de que era el Rey de los Ángeles Amón — cuya potencia era casi un «bug» y que llevaba siempre una sonrisa malvada — quien con un porte relativamente serio y solemne pronunciaba semejante nombre, le costó cada vez más reprimir el impulso de reír; y tampoco quería reprimirlo.

Que se ría tan fuerte que Amón se enfade de vergüenza y me liquide aquí mismo… Que Amón haya acabado así debe mucho, sin duda, a la educación del antiguo Dios del Sol. Las comisuras de la boca de Klein se torcieron; se disponía a desahogar sin reservas la risa que llevaba dentro.

En ese momento, otro rayo blanco-plateado rasgó el cielo, iluminó la profunda cárcava y mostró de nuevo a Klein, en su fondo, las enormes y continuas edificaciones blanco-grisáceas.

Una arquitectura totalmente distinta de la actual, así como de la Cuarta Era, de la Tercera, y aun de la Segunda.

¡Tum!

El corazón de Klein se contrajo de golpe y volvió a expandirse; la sonrisa que apenas empezaba a abrirse se congeló en su rostro.

¡Tum, tum!

Klein oyó los latidos de su propio corazón, y de pronto fue brotando en su mente una verdad común de este mundo tras otra: «Un año tiene doce meses, trescientos sesenta y cinco días, hay bisiesto…

«El día tiene veinticuatro horas, la hora sesenta minutos, el minuto sesenta segundos…

«Se ha comprobado que es un planeta…

«En el cielo hay uno, y sólo uno, sol y una luna…»

¡Tum, tum, tum!

Su instinto le impedía seguir pensando, pero desde lo más hondo le brotó una «voz»: ¿Y si jamás hubo tal 'travesía a otro mundo' — si en verdad he estado siempre en la Tierra, sólo que he permanecido demasiado tiempo colgado sobre la Niebla Gris ante esa puerta de luz, y por eso, sin más, no pertenezco a esta era…?

En cuanto este pensamiento cobró forma, infinidad de detalles que no le habían llamado la atención hicieron erupción, como un volcán, en su mente: «Al extremo este del Mar de Sonia, antes de entrar a la reliquia de la Guerra de los Dioses, en torno a aquel pozo de aguas abisales había construcciones de acero corroídas y derrumbadas, que parecían haber sido dejadas por humanos…

«Los Continentes Norte y Sur se asemejan en su trazo general a Norteamérica y Sudamérica, salvo que la enorme masa donde ambos se acercan ha sido borrada, sin más, por alguna fuerza, dando lugar al Mar Embravecido con sus rutas complejas y sinuosas… y aun, la isla de Sonia, como una gran isla del norte que se hubiera desplazado al sur en conjunto… el Mar Interior es como una versión ampliada e interconectada de los Grandes Lagos, como tras el impacto de un meteorito enorme…

«En el Continente Norte, las cordilleras y los ríos han cambiado mucho, pero el conjunto del trazo aún se reconoce con esfuerzo…

«Así pues… la patria de los elfos, el Continente Oeste, y el Continente Este donde se encuentra 'la Tierra Abandonada por Dios', se hacen corresponder con Chernóbil…

«En las leyendas de tesoros del mar hay una civilización perdida llamada Nuinus, hundida en algún lugar del Mar de la Niebla…

«Los padres del Rey de los Gigantes eran humanos… el origen de vampiros y elfos también parece ser humano…

«Las dos dudas que tenía — por qué la 'Fortaleza del Origen' debía sacar a sus 'cruzados' precisamente de la Tierra, y por qué todos ellos pertenecían a mi propia era — encuentran también respuesta…»

En apenas dos o tres segundos, en la mente de Klein resonaron, una tras otra, descargas de trueno; sus labios temblaron ligeramente, como si pugnara con todas sus fuerzas para que no se formase cierta respuesta.

«Pero la luna de este mundo es carmesí… y el cielo estrellado tampoco es del todo como el de la Tierra… No soy aficionado a la astronomía y no recuerdo bien, pero el Gran Emperador tomó una poción de la senda del 'Polígrafo'; si el firmamento fuera idéntico, ya lo habría descubierto…» Las objeciones surgieron en el corazón de Klein como anclas firmes que impidieran a un barco, en plena tempestad, ser arrastrado del puerto.

Mas al segundo siguiente recordó dos frases.

Una era una profecía espeluznante que en su «vida anterior» había leído en la red: «Cuando las estrellas vuelvan a su sitio, el caos surgirá de las entrañas de la tierra, y el Gran Primordial despertará.»

La otra: «¡Cuidado con la luna!»

Esto… ¿no era inventada aquella profecía? Cuando las estrellas vuelvan a su sitio, ¿se distinguirá de lo anterior? Klein casi no atendía a Amón; hasta el cuerpo le tembló ligeramente.

A duras penas lanzó, en su corazón, un suspiro: Quizás nunca abandoné mi hogar… y, sin embargo, jamás podré volver a casa…

Apenas le sobrevino esta comprensión, ante sus ojos surgió, sin un sonido ni rastro, aquella niebla blanco-grisácea.

Esta vez se halló, sin más, en aquel fragmento histórico que correspondía al «Bosque del Marchitar», correspondiente al final de la Primera Era y al comienzo de la Segunda.

Fin del capítulo 1175