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Lord of the Mysteries · Capítulo 1118

Capítulo 1112: «Maestro del póquer»

17 de enero de 2020 · 5 min de lectura · 960 palabras

Al oír la respuesta del espíritu maligno «Ángel Carmesí», la expresión de la «Bruja Blanca» Catalina se quedó al instante petrificada, sin que pudiera reprimirla.

se rió una vez y prosiguió:

—Tú deberías ser una semidiosa surgida hacia las postrimerías de la Cuarta Era. Han pasado ya más de mil años y aún no te has hecho ángel: ¿no te aqueja en el fondo cierta inferioridad?

—Y el tipo de antes, que necesitaba apoyarse en para mirarte cara a cara, débil como un polluelo recién salido del cascarón… resulta que ahora, en menos de un año, ya ha ascendido a Secuencia 4, ha obtenido divinidad y posee fuerza suficiente para hacerte frente. ¿No te suscita ningún pensamiento? ¿No te parecen ahora desperdiciados los más de mil años que llevas? Hasta un perro, viviendo más de mil años, tal vez habría empujado la puerta y se habría hecho ángel.

—Sé lo que piensas; por una parte estás celosa y, por otra, ha brotado en ti un deseo retorcido: probarte a ti misma acostándote con él. Vosotras las brujas sois en verdad ridículas: por una parte habéis de aferraros mentalmente a que erais hombres, para no perderos a vosotras mismas y no perder el control; por otra, debéis mostrar el encanto femenino, perseguir el extremo del placer y la pasión más violenta. Nosotros los cazadores no tenemos este problema: cualquiera que fuese el sexo originario, después no hay sino guerra, guerra, guerra.

—La Primordial es de veras un ser retorcido; para una mujer pura, la senda de bruja iría mucho mejor. Generación tras generación os habéis pasado el daño unas a otras; el propósito principal será, en realidad, vengarse del destino, ¿no?

Cada frase del espíritu maligno «Ángel Carmesí» era como una flecha afilada que se clavaba en el corazón de la «Bruja Blanca» Catalina; su rostro puro y delicado tuvo un asomo de espasmo y su largo y lustroso cabello negro pareció engrosarse un punto.

Sauron Einhorn Medici miró de soslayo a Catalina y se rió quedo, con un chasquido:

—¿No me digas que vas a perder el control directamente, irritada por mí?

—Qué sensación tan añorada, en verdad.

El espíritu maligno «Ángel Carmesí» se detuvo un momento y dijo:

—Puedes irte. Si surge algo, acuérdate de pronunciar Mi sagrado nombre; por supuesto, si lo creo necesario, iré yo en persona a buscarte.

El rostro de la «Bruja Blanca» Catalina recobró su normalidad; arrugando ligeramente la frente, preguntó como si no diera crédito:

—¿Así, sin más, me dejas marchar?

El espíritu maligno «Ángel Carmesí» rió por lo bajo:

—¿Qué? ¿Quieres acostarte Conmigo? De darse el momento adecuado, no sería imposible; pero ahora hay algo bastante más importante por hacer.

—Tranquila: dado que ya has pronunciado Mi sagrado nombre y me has entregado una gota de tu sangre, estás bajo Mi mirada y, en cualquier momento, podrías ser influida por Mí.

—¿Es que has olvidado la diferencia de rango entre un ángel y un santo? ¿No sabes acaso cuán poderoso es, en verdad, un alto rango?

—Je. A menos que reces directamente a la Primordial y obtengas Su respuesta, jamás te librarás de Mi mirada. Hmm, en condiciones normales un ángel podría conseguirlo, pero sólo cuando el nombre se ha pronunciado a secas. Si no me crees, te permito buscar la ayuda de un ángel.

La «Bruja Blanca» Catalina escuchó con el semblante ligeramente sombrío; al cabo esbozó una sonrisa y dijo:

—Obedezco vuestras enseñanzas, señor Medici.

Las cejas de Sauron Einhorn Medici se movieron:

—No pareces, según se ve, muy obediente; hasta puedo imaginar el estado en que te hallabas hace un momento, frente a Gehrman Sparrow. Pero no me importa.

—Ah, olvidé decirte: harías bien en comprobar de inmediato el estado de tus descendientes de sangre. Que Gehrman Sparrow te encontrara con tanta facilidad… ¿no te parece que hay algo extraño en ello?

El semblante de Catalina palideció un poco al principio, luego se tornó serio y grave; asintió lentamente:

—Lo he entendido.

Tras decir esto, retrocedió enseguida, volvió a entrar en aquel ventanal de cristal y, a través del ilusorio y estratificado mundo de los espejos, marchó quién sabe adónde.

Viendo desaparecer a la «Bruja Blanca», en la mejilla izquierda del espíritu maligno «Ángel Carmesí» se abrió de pronto una herida sanguinolenta y de ella brotó una voz:

—Buena actriz, en verdad: se hace ver como si no fuera muy ducha en controlar el semblante, un punto inquieta, pero sin la astucia suficiente, con lo cual sus intenciones se ven con facilidad.

—Eso es; así, hay no pocas probabilidades de que la subestimemos y bajemos la guardia con ella. —En la mejilla derecha del «Ángel Carmesí» se abrió también una hendidura de color sangre, de aspecto torvo.

—Cluc, las brujas son, en efecto, todas astutas. Pero Yo jamás menosprecio a ninguna presa. —El «Ángel Carmesí» habló ahora con su boca normal—. Pretende adormecerme, hacerme subestimarla; no hay ni la menor posibilidad.

La herida sanguinolenta del lado izquierdo se abrió y se cerró al responder:

—¿Entonces por qué, en su día, te atrapó?

—Porque estabais vosotros dos. —La personalidad que pertenecía a Medici torció los labios—. No tiene la menor relación con menosprecios ni adormecimientos.

La hendidura sanguinolenta del lado derecho resopló:

—¿Qué se siente al ser la presa de otro, gran Dios de la Guerra, «Ángel Carmesí» al servicio del Creador?

—No está mal. —El semblante de Medici se ensombreció un punto, pero las palabras que pronunció sonaron casi complacidas.

La personalidad que pertenecía a Sauron habló a través de la herida del lado izquierdo:

—Te gusta demasiado conseguir las cosas a fuerza de farol; precisamente por eso, en su día, Alista y los demás vieron tu farol y aprovecharon la ocasión.

Fin del capítulo 1118