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Lord of the Mysteries · Capítulo 1051

Capítulo 1045: En medio del torrente (ruego votos mínimos mensuales)

17 de noviembre de 2020 · 4 min de lectura · 783 palabras

, distrito de San Jorge, en una habitación abarrotada de trastos en una fábrica.

El espejo, con grietas bien visibles, soltó un fogonazo: su superficie se tornó oscura y profunda, como conectada a otro mundo.

De pronto, una mano blanquísima asomó por debajo del cristal, atravesándolo como capas de agua.

Una silueta surgió tras la mano y salió del espejo: era la bruja Tris, de vestido largo negro, dulce y delicada.

Su rostro, contra lo habitual, estaba pálido, como exangüe; tenía la frente cubierta de gotas de sudor.

Plaf — la maleta que sostenía cayó al suelo; el miedo en sus ojos ya no se dejaba contener.

Acto seguido, con gesto perdido, se murmuró a sí misma: —Su mensajera era… un ángel…

En ese instante Tris sintió un escalofrío por la espalda, como si un viento helado la hubiera atravesado.

Jamás había imaginado que invocar a la mensajera fuese tan peligroso; menos mal que aquella mujer-de-cuatro-cabezas, después de observarla en silencio un rato, no hizo nada — sólo tomó la carta y se marchó.

…………

Distrito Norte, Calle Berklund 160, residencia de Dwayne Dantès.

—¿Quién la envía? —preguntó Klein, tomando la carta de manos de la señorita mensajera, con un asomo de expectación.

Las cuatro cabezas rubias y de ojos rojos de Reneta Tinikore hablaron, una tras otra: —Sucia… —oscura… —de la… —portadora…

Ese mote… Klein se quedó perplejo; por un instante no atinó a deducir de quién hablaba la mensajera.

En su cabeza pasaron, a toda velocidad, los nombres de quienes conocían su forma de invocarla a ella, descartando uno a uno.

En cuestión de segundos llegó a la conjetura: ¡Tris!

Por lo que Klein sabía, aquella bruja, rebautizada como Trischic, podía ser uno de los medios para el despertar o el advenimiento de la «Primordial».

En tal caso, llamarla «portadora» no era del todo improcedente.

Y todo aquel con suficiente conocimiento del mundo místico sabe que la «Bruja Primordial» es una divinidad maligna, conocida como «la Final», cuyo designio es traer el fin del mundo y destruirlo todo; ostenta, además, parte de las prerrogativas relativas a las pasiones y los deseos. Que se la describiera como «sucia» y «oscura» no era del todo ajustado, pero podía entenderse.

Asimismo, «sucia» y «oscura» podían aplicarse también a Tris, contaminada hasta cierto punto por una divinidad maligna.

Era todo un ángel, atreverse a llamar así a la «Bruja Primordial»… Klein la admiró para sí; se disponía a desplegar la carta y leerla deprisa.

Entonces recordó algo, y miró rápidamente a la mensajera: —¿Qué actitud tuvo la remitente cuando os vio?

Tres de las cuatro cabezas rubias y de ojos rojos de Reneta Tinikore tomaron la palabra, una a una: —Estaba… —muy… —asustada…

La cabeza que no había podido hablar abrió la boca, sin alcanzar a decir nada.

El rostro de Klein se volvió algo más grave; midió las palabras y preguntó: —¿La marcaste?

La cabeza que antes no había hablado se le adelantó: —No…

Las otras tres rubias-y-ojos-rojos completaron, en sucesión: —Porque… —ella… —tiene…

—…el aliento… —de… —la Primordial…

Klein guardó silencio unos segundos y asintió: —Comprendo.

Tras despedir con la mirada a la mensajera, que cruzó al vacío y desapareció, desplegó el papel y leyó por encima la carta de Tris.

Conque busca mi ayuda para hacer frente a la «Santa Doncella Blanca» Catalina… ¿No es precisamente lo que quiero yo hacer? —En los ojos de Klein parpadeó un brillo; sin tardar, sacó una masa parecida a pasta de pegamento, de color negro.

Acto seguido, tomó la forma de Gehrman Sparrow y untó aquella masa, uniformemente, sobre un pequeño espejo de la habitación.

Esperó pacientemente cerca de diez minutos; cuando aquella materia negra se hubo evaporado por entero, sin dejar rastro, Klein seguía sin haber logrado contactar con la bruja Tris.

Era de esperar: Tris, contaminada en cierta medida por la «Bruja Primordial», había sabido reconocer la jerarquía de la mensajera, y se había llevado el susto de su vida al ver a un ángel… A corto plazo no se atrevería a contactar con Gehrman Sparrow. Ay, si hubiera sabido que la señorita mensajera, en este estado, era un ángel, no la habría hecho aparecer ante Tris, o le habría dicho que, si una bruja la invocaba, le trajese a la persona junto con la carta… —Klein suspiró por dentro; mala suerte, sin más.

En ese momento, le llegó al oído un coro de plegarias, vago y superpuesto.

…………

En el barrio del puente de Backlund, en un callejón siniestro.

Sue, ocultando la «Hoja Fría», entró cautelosa, mirando a uno y otro lado.

—Bien; vas adquiriendo experiencia.

Al sonar la voz grave y masculina, una silueta salió de las tinieblas de la esquina.

Fin del capítulo 1051