Saltar al contenido

Lord of the Mysteries · Capítulo 1042

Capítulo 1036: Diario adelantado

17 de enero de 2020 · 4 min de lectura · 886 palabras

, Distrito Este; en cierto piso alquilado de dos habitaciones, en cierto edificio de apartamentos.

Forsi tenía en la mano una pluma de panza redonda y escribía sobre la hoja de papel de cartas desplegada.

Era una carta para su mentor , en la que le contaba que, presionada por cierto peligro, había tenido que mudarse de su residencia anterior, que la próxima respuesta no se la enviara allí; y, si ya la había enviado, que cambiara cuanto antes su propia dirección y, mejor aún, hasta su identidad.

Tras un buen rato emborronando la página, Forsi soltó la pluma, dobló la carta, la metió en un sobre y le pegó el sello.

Después se cambió a ropa de calle, tomó la carta para enviar y salió de la habitación.

En realidad no le apetecía mucho salir, pero ese nuevo piso no tenía ni alcohol, ni granos de café, ni café soluble, ni hojas de té negro, ni el periódico del día, ni las últimas revistas, ni libros o novelas.

Por todo eso no le quedó más remedio que salir ella misma a echar la carta y, ya puestos, a hacer una pequeña compra fuera del Distrito Este.

En cuanto a Xio, hacía rato que había salido: tenía que enviar por correo, al edificio antes alquilado, la noticia de que «el vizconde en realidad le es fiel al rey», para ver si conseguía mover a los vigilantes de Sherman a actuar.

—De veras, el miedo posterior salió bastante fuerte, casi se me olvida escribir al maestro; si lo hubiera resuelto antes, podía haberlo enviado con Xio... —murmuró Forsi mientras se calaba un sombrero blando con un velo fino caído, y bajó por la escalera, algo en penumbra, hasta la planta baja y salió del edificio.

Aquélla era una zona algo periférica del Distrito Este; los habitantes eran sobre todo obreros cualificados y administradores de bajo rango. El orden público era relativamente bueno y hasta aparecían chiquillos vendedores de periódicos.

Oyendo el repique de campanillas que sonaba de tanto en tanto, Forsi avanzó despacio por la acera.

En esto, un cartero detuvo la bicicleta, sacó del saco un fajo de periódicos y entró en el bloque de pisos contiguo.

Forsi, sin proponérselo, lanzó una ojeada y vio que el periódico que coronaba el fajo era el «Noticias del Mar».

—¿La gente de aquí suscribe esa clase de periódicos? ¿Tendrán algo que ver con el comercio marítimo? —murmuró Forsi retirando la vista, algo extrañada.

Tampoco era cosa para detenerse a pensar; al divisar el buzón al fondo de la calle, se acercó con paso vivo.

El cartero, entretanto, entró en el edificio, localizó varios destinatarios en las hileras de buzones y deslizó en cada uno el periódico correspondiente.

Poco después de salir él, uno de aquellos buzones se abrió y se sacó el periódico de su interior.

Quien lo había recogido subió, paso a paso, hasta el tercer piso, abrió una de las habitaciones, se sentó en una sencilla mecedora y, balanceándose, se puso a leer.

Junto a la mecedora había una mesa de madera negra sobre la cual se amontonaban en desorden un periódico tras otro.

Algunos estaban doblados con esmero, con la portada hacia arriba; otros, plegados de manera asimétrica, dejaban a la vista cierta página, y todos traían reportajes a juego:

«¡Conmoción! Aventurero Loco convertido en fugitivo buscado»; «El Aventurero Loco aparece de nuevo: una cacería inconcebible»; «El hombre más cercano al Rey del Mar: el aventurero que vale 90.000 libras»; «Las historias de Gehrman Sparrow y las tres mujeres generales piratas»; «Fama con un solo golpe: Gehrman Sparrow asesina de noche al 'Teniente General Peste'»...

…………

Acabada la compra, no tardó Forsi en volver al piso alquilado; al poco también Xio terminó su recorrido y regresó.

Aquella sincronía no era casual: era ya lunes y faltaba poco para las tres de la tarde.

¡Tan, tan, tan!

Cuando las campanas de la iglesia cercana retumbaban, ante Forsi y Xio surgió a la vez una marea de luz carmesí.

En el majestuoso palacio, en torno a la antigua y manchada mesa larga, fueron apareciendo, sin orden alguno, las figuras, y se fueron condensando en sus formas.

«Justicia» Audrey, como siempre, fue la primera en levantarse. De cara al extremo superior de la mesa de bronce, fingió alzar el vuelo de la falda y se inclinó en una reverencia:

—Buenas tardes, señor «Tonto».

Sigue con el ánimo bajo, la señorita «Justicia»... Parece que aún le pesa la noticia de anoche... El «Tonto» Klein asintió de modo apenas perceptible, devolviendo el saludo a los miembros del Club Tarot.

En ese instante Audrey, pese a su humor poco alegre, gracias a su aguda capacidad de observación fue de nuevo la primera en notar que, a la derecha del señor «Tonto», había aparecido algo nuevo: una cruz de tono verde cobrizo.

¿De dónde venía esa cruz? Cualquier cosa que el señor «Tonto» depositara sobre la mesa debía ser, al menos, de la categoría de una «Tabla de Blasfemia»... ¿De quién provenía? ¿Qué hacía? Las preguntas brotaban veloces, una tras otra, en la mente de «Justicia» Audrey, despertando en ella una curiosidad difícil de contener.

¡Era también la primera vez que ante el señor «Tonto» se colocaba un objeto que no perteneciera a la clase de «Tabla de Blasfemia»!

Fin del capítulo 1042